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Españoles en Iran
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Historia
 
 
 
La estela dejada por Persia es todavía palpable por doquier. Por suerte el pueblo iraní, tan profundamente celoso de su pasado, ha sabido conservar las huellas indelebles de todos los grandes personajes que han dado, desde poderosos reyes a carismáticos poetas. Y esas huellas son parte importante de los alicientes que satisfacen al visitante.

La presencia humana en Irán se remonta a unos 80.000 años. La prehistoria perduró hasta ahora hace cinco mil años, cuando bajo el reinado de Elam se fundaron las primeras ciudades en el suroeste del país. Susa fue su primera capital. Al mismo tiempo tribus hurritas habitaban el noroeste. La meseta central fue ocupada hace tres mil años por las tribus indoiranias, de raza aria, eran los medos y los persas. El primer gran monarca persa fue Ciro II el Grande (599-529 a. de C.). Gracias a su ambición logró fundar el imperio aqueménida, cuyos dominios abarcaban desde el actual Afganistán hasta el Mediterráneo. El año 521 a. de C. Darío I fue proclamado Rey de Reyes. Estableció su capital en Persépolis. A pesar de sufrir una severa derrota en la batalla de Maratón cuando intentaba dominar a los atenienses, amplió su imperio desde Egipto al Danubio y del mar de Aral al río Indo. El hijo de Darío, Jerjes, derrotó a los griegos en la batalla de Termópilas y ocupó Atenas. Alejandro Magno, un joven caudillo macedonio se convirtió en el monarca más poderoso del mundo. En el año 33 a. de. C. atacó a persas y macedonios, derrotando a Darío III. Un año después, Alejando tomó Egipto y fundó la ciudad de Alejandría, a continuación regresó a Asia para completar su sueño de conquista. En el 331 a. de C. Darío III volvió a enfrentarse al general macedonio, el resultado fue adverso para los persas. Persépolis, la capital, fue incendiada y ello significó el fin al poderío aqueménida. Al morir Alejandro Magno no dejó sucesores, el vacío de poder fue ocupado por los seleucidas y los partos. Seleuco I Nicator, fundó la dinastía Seléucida, reinó entre 312 y 281 a. de C. Fomentó el arte y la cultura helenística, y aunque a la vez intentó mantener la filosofía política de los antiguos aqueménidas. El último rey seléucida que intentó recomponer el imperio fue Antíoco III (223-186 a. de c.), pero el empuje de los partos era imparable. Mitridates I (161-138 a. de c.) acabó conquistando el altiplano iraní y Mesopotamia, seguidamente se erigió como rey de Babilonia, emperador de los partos y fundador de la dinastía arsácida. Los partos eran de origen nómada, construyeron pocas ciudades y las que levantaron recordaban los campamentos de su época errante. Con Mitridates II (123-97 a. de c.) el imperio parto se extendió a Bactria, Babilonia, Susiana, Media, Armenia y hasta el oeste de India. Las relaciones comerciales experimentaron un gran avance con el establecimiento de una vía entre China y el naciente imperio romano. A ese camino comercial se le conoce como la Ruta de la Seda. En el año 224 Ardasir príncipe de Persia, se sublevó contra el último rey del imperio parto y fundó la dinastía Sasánida. Bajo los sasánidas (224-642) el imperio persa volvió a articularse y hubo un prolongado período de estabilidad, aunque en sus inicios tuvo que enfrentase con el poderío de Roma. Yazdgard III (632-651) fue el último rey sasánida. El país se encontraba en una situación caótica, lo que influyó en que Yazdgar de mostrase impotente para rechazar los ataques árabes. En el año 637 perdió el sur de Mesopotamia y Ctesifonte; finalmente cayó derrotado y fue asesinado en el año 651. El poder de convicción esgrimido por los árabes, fue una de las causas de su rápida implantación en Persia. Su afán de conquista también pretendía divulgar las ideas de unas creencias recién adquiridas. El Islam contenía unos ideales que supieron cautivar a un pueblo que necesitaba un cambio. La fe en un solo Dios, no era un principio ajeno a los persas; durante siglos habían seguido las enseñanzas de Zoroastro y su religión persa, aunque supieron inculcar la nueva religión estatal. Buena parte de la población urbana se convirtió pronto al entender las ventajas y avances del Islam, los campesinos de áreas rurales y los nómadas no variaron de creencias hasta del siglo IX. El idioma oficial pasó a ser el árabe, pero en el siglo IX con la toma de poder por dinastías originarios persas, se recuperó la lengua iraniana, ahora beneficiada con al incorporación de modismo y la escritura árabe. Muchos iraníes contribuyeron con sus conocimientos a ejercer como administradores de los territorios conquistados por el Islam. Muy importante fue la aportación de los científicos y filósofos persas, que enriquecieron el orbe musulmán, destacando las ramas de la historia, geografía, medicina, literatura y filosofía.

Los selyúcidas, tribus de origen turcomano, se hicieron con el poder entre el siglo XI y el XIII. El imperio fue efímero ya que destruido por los jinetes mongoles de Genis Kahn (1206) los cuales casi no dejaron piedra sobre piedra. Una nueva oleada de invasores llegó guiada por el caudillo mongol Tamerlán (1380). En un primer momento el ataque fue devastador, pero con el tiempo los mongoles asimilaron la cultura persa, con su integración intentaron desarrollar el comercio y las artes.

En el año 1502 Ismail I fue proclamado jefe de la dinastía safávida, tomando como capital Ardabil. Una de sus primeras disposiciones fue declarar al Islam chiitia como religión estatal. Con los safávidas empezó el crecimiento de Irán. El control de país se basó en un gobierno central potente. Tahmasb I (1524-1576) sucesor del primer Sah safávida, tuvo que enfrentarse a los romanos y en 1524 cayó derrotado por el sultán Selim I, perdiendo la capital Tabriz. El Sah Abbas I (1587-1629) consiguió elevar Persia al nivel de las naciones más avanzadas del momento. Firmó el Tratado de Constantinopla (1590) renunciando a la lucha contra los otomanos, derrotó a los uzbekos en Herat (1597), restableció el dominio sobre Irak y las ciudades santas del chiismo, Georgia y algunas parte del Cáucaso pasaron a manos persas. Sha Abbas I trasladó la capital a Isfahán y la convirtió la urbe en la más bella ciudad del mundo musulmán. Estimuló el comercio exterior con nuevas leyes, algunas proteccionistas como la de convertir el negocio de la seda en un monopolio estatal, otras disposiciones animaban a los comerciantes europeos a establecer elecciones económicas con el país. En todo el país se construyeron fabulosas mezquitas y muchas madrasas. La muerte de Sha Abbas I supuso un rápido deterioro el reino. Sha Abbas II (1642-1666)fue un gobernante débil, que cayó bajo la influencia de las interigas palaciegas. El sucesor de Sah Abbas II, Suleimán (166-1694) poco pudo hacer para enderezar el rumbo del país. En 1732 a 1736 el último superviviente del linaje safávida, Abbas III, tomó el poder, al morir el líder Nader Sha de la dinástica afsharida tomó las riendas del estado. Los qadjars (1779-1925) mantuvieron la unidad persa a persa de la amenazas y la corrupción de algunas partes del país, por parte de algunas potencias como la Rusia zarista e Inglaterra. Los Phahlevi (1925-1979) fueron la última dinastía persa, adoptaron las costumbres occidentales y aún que el país era rico debido a ingresos por petróleo, el resultado del régimen de Palehvi fue la pobreza económica por una parte y la dictadura y la represión por otra. Estos factores junto con la dominación norteamericana sobre el destino del país llevaron a la Revolución islámica de 1979 dirigida por el Ayatolá Jomeini, después de la victoria de la revolución, el esfuerzo de los dirigentes iraníes iba dirigido al desarrollo y progreso de Irán, pero la agresión iraquí, condujo el país a una guerra de ocho años (1980-1988). Tras la muerte de Jomeini se reformó la Constitución. La actual República Islámica se base en los principios del Corán, recogidos en la Sharia (ley islámica). La organización administrativa se repare el poder del estado en tres: legislativo, ejecutivo y judicial, todos ellos están bajo la autoridad del líder religiosos. El Líder Religioso actual es el Ayatolá Seyed Ali Khamenei.

 
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