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Hafez
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Literatura
 
 
Todos los pueblos suelen iniciar su literatura con un libro religioso (Los Vedas, la Biblia, la Ilíada, El Corán) y así sucedió también con la literatura iraní.

La obra literaria iraní más antigua que se conoce es la Biblia de los Zoroastrianos. El Zen Avesta (la ley de los zendas) recoge tradiciones religiosas que se remontan a los primeros pueblos que habitaron estas zonas. La versión que ha llegado a la actualidad es una trascripción de la transmisión oral, comenzada en el siglo III de nuestra era, en el reinado del primer rey sasánida Ardeschir y terminada un siglo después bajo el reinado de Schapur por el sabio Aderbad. El Zend Avesta está divido en cuatro partes: Vendidad, Vispered, Yasna y Yacht. De esta última parte conocida también como Avesta menor, tomará Firdusi el guión argumental de su obra y varios temas de inspiración.

La dinastía sasánida alcanza su esplendor en el reinado de Anuschirvan (531-578). Es la época dorada de los traductores y entre otras obras se traduce al pahlevi el libro sánscrito Kalila y Dimma.

En los siglos VII y VII la literatura persa pasa a formar parte de la literatura árabe, y en el siglo IX, ante la debilidad del califato de Bagdad, van surgiendo reinos taifas autónomos volviendo a resurgir de nuevo la literatura propiamente persa.

Resaltan dos grandes tendencias:
* La literatura épica, cuyo exponente principal es Firdusi,
* La literatura mística-moralizante, que queda englobada dentro del movimiento Sufi.

Finalmente, muy posterior en el tiempo (siglo XVIII), se escriben obras de carácter religioso, cuyo tema era la muerte de Alí, primo del profeta, y sus hijos Hasan y Hosein.

Firdusi (Firdawsi)
Considerado escritor de la lengua persa moderna, las noticias que existen sobre este gran persa son muy escasas, y además aparecen envueltas por la leyenda. Acerca de su verdadero nombre (Firdawsi, es decir, "el paradisiaco", es el seudónimo artístico con el que se hizo famoso) no se tienen noticias exactas, aunque si se sabe que su patronímico era Abu’l Qasim. Nació en Tuss, en el Este de Irán, entre los años 932 y 942 en una familia de propietarios agrícolas. Cuando contaba unos cuarenta años, recibió el encargo de Mahmud de Ghazni, por aquel entonces señor turco del Asia Central, de reunir en un gran poema todas las antiguas tradiciones y leyendas referidas al Irán preislámico. Pero una vez terminada su obra, y ante la escasa cuantía de su retribución, el poeta abandonó desdeñosamente la corte de Mahmud y después de un periodo transcurrido entre los bavand, señores del Tabaristán, en el mar Caspio, se retiró a su ciudad natal, en la que murió hacia el año 1020.

Su obra principal, y la única de la que es autor sin ninguna duda, es el Shah-named (libro de los Reyes), que resalta en unos sesenta mil versos dobles la mayor parte de las antiguas leyendas épicas persas, desde los orígenes y primeros reyes de Irán hasta la conquista del país por los árabes. En la obra todo el mundo del antiguo Irán, (el mundo de las leyendas de Rustam y de Estandiyar, ya difundidas en tiempos de Mahoma hasta en La Meca, donde distraían a los fieles), adquirió derecho de ciudadanía en el mundo literario islámico. El libro de los Reyes, junto a fragmentos sublimes, contiene también partes indudablemente vacías y monótonas que hacen muy difícil su lectura continuada. Entre sus partes maestras más importantes figura la aparición del semítico rey Cosres entre las nieves de los Elburz, los amores del Zal y Rudade y el bellísimo lamento por la muerte del hijo (yo sesenta y cinco años y él treinta y siete; nada pidió a este viejo al marchar solo... ¿encontraste quizá allá compañeros jóvenes, para que tan pronto hayas marchado lejos de mi?...), patético dolor de Rustam, el Aquiles iraní, por su hijo Sohraba... Expresión de la antigua grandeza persa que el poeta sueña en resucitar, aunque consciente de lo inútil de sus sueños, la obra evoca la imagen de una Persia extraordinariamente culta y valerosa, pero sin fuerza para imponer a los mercenarios turcos sus antiguas estructuras patriarcales. En todo el poema, que no tiene más personas propiamente dichas que el tiempo-destino, alienta un aire de grandiosidad épica que la lengua persa, depurada por el poeta de sus numerosos vocablos árabes, no volverán a encontrar. También se atribuye a Firdusi la célebre Huja, una violentísima sátira contra Mahmud compuesta durante su exilio en el Tabaristán.

 
Místicos y poetas.
 

Quise arrojar una piedra
Para espantar el amor
Pero también de la piedra
Un fuego de Amor brotó

Hafiz

 

  Desde comienzos del sigo XI, la difusión del sufismo da lugar a la composición de una enorme cantidad de poemas místicos en persa. Los poetas a que son debidos vivieron no sólo en el territorio correspondiente al Irán actual, Afganistán y Tayikistán, países de lengua persa tanto hablada como escrita, sino también en otras partes de Asia como el subcontiente indio, Asia Central y Turquía.

Aunque durante esa época aparecieron poemas místicos en otras partes del mundo, la historia de la poesía sufí persa parece haber conocido una "Edad de oro", en el periodo que va desde el siglo XI hasta 1492, fecha de la muerte de Abd al-Rahmán Jami, gran jeque sufí y productivo escritor, y poco después de la llegada de la dinastía safávida al trono de Isfahán y la imposición del chiismo duodecimano como religión del estado.

Entre los más destacados poetas místicos podemos cita

* Umar-i Khayyam (1048-1131), el existencialista. Controvertido poeta, astrónomo y matemático, nacido en Neishapur, autor del célebre Robaiyyat y el Nouruz nameh. A propósito del vino, tema recurrente en todas sus obras, Sadeq Hedayat expone lo siguiente: "En los robaiyyat el vino sirve para mitigar la tristeza y la pena de la vida. Khayyam se refugia en la copa y quiere alcanzar la paz mental y el olvido con el purpúreo fino. Disfrutemos, gocemos, olvidemos esta vida absurda. Olvidemos en especial porque en nuestro banquete ronda una pavorosa sombra. Es la sombra de la muerte. El jarro de vino, cuando pone sus labios sobre los nuestros, al oido, en voz baja, nos dice: yo también un día fui como tu: ¡bebe, pues, la sutil alma del vino para que olvide la vida!.

* Farid Uddin Attar (1119-1229). Aunque originario de Neishapur, Attar es sunita, lo que aleja a los persas de la lectura de sus obras. Abandonó su profesión de farmacéutico e ingresó en una orden de derviches vagabundos, lo que le llevó a viajar mucho y a conocer a los más eminentes sufíes. Su obra principal es el Mantic uttair o El Parlamento de pájaros.

* Saadi Shirazi (1184-1291), el místico puro. Nacido en Shiraz, Saadi fue, desde su juventud, amante del placer y muy religioso. Estudió en Bagdad y fue iniciado en la escuela Nagshbandi de sufismo. Visitó países tan distantes como China, India, Abisinia, Marruecos y Turquía. Sus principales obras son el Bustán y el Gulistán.

* Jalaluddin Rumi (1207-1273). Nació en Balkh, en el actual Afganistán. Dificultades políticas obligaron a su padre a abandonar Balkh. De paso por Neishpur, conocieron a Fariduddin Attar, quien hizo entrega al joven Jalaluddin de un ejemplar de su Asrar Nama o Libro de los Misterios y le profetizó que alcanzaría las más altas cotas de la espiritualidad. Finalmente, la familia se estableció en Konia. En 1244 apareció en Konia Shams de Tabriz, personaje que impresionó de tal modo a Jalaluddin que durante algún tiempo se creyó que había perdido la razón. Fundó la orden de los derviches giróvagos de Konia. Sus obras principales son el Masnavi y el Diwan de Shams de Tabriz.

* Hafiz ( 1318-1388), el vitalista. Nació en Shiraz, en el seno de una familia procedente de Isfahán, y cuentan que a los nueve años ya era capaz de recitar de memoria el Corán. Se le considera el más refinado y exquisito de los poetas persas. Su obra está contenida en el Diván. Murió en Shiraz y su tumba se ha convertido en lugar de peregrinación para enamorados y místicos, donde el Diván sigue siendo utilizado como libro adivinatorio que se consulta a modo de oráculo mediante un sencillo ritual.

LAS MIL Y UNA NOCHES
Alf Laila wa Laila. Hasta su nombre en árabe evoca la sensualidad y misterio oriental que envuelve a esta popular colección de cuentos, que no llegó a Europa hasta la Edad Media y que no se tradujo a ninguna lengua occidental hasta que Antoine Galland lo hizo al francés en el siglo XVIII.

Es un conjunto homogéneo de cuentos, entre los que se encuentran algunos tan populares como Alí Babá y los cuarenta ladrones, la historia de Simbad el Marino y Aladino y la lámpara maravillosa. Contienen algunas historias que han sido aportadas por Persia, pero también algunos cuentos nos trasladan a la India, Grecia, Egipto, Arabia, Mesopotamia o Turquía.

Su hilo argumental está construido en torno a dos hermanos, los reyes sasánidas Shazamán y Sahriyar, uno de los cuales reinaba en Samarkanda y el otro en la India y China. Ambos descubren que sus esposas les han sido infieles, por lo que todas la mujeres y esclavas implicadas en estos amoríos son decapitadas. Sahriyar decide tomar cada noche una nueva esposa a la que al amanecer hace ejecutar, pero después de tres años a su visir le comienza a resultar imposible encontrar más jóvenes para su señor. Entonces, la hija del visir, Sahrazade, convence a su padre para que le deje ofrecerse al rey, al que pide que pueda acompañarla su hermana Dinarzad. Como parte del plan, hace que Dinarzad le narre un cuento cada noche, y de esta forma, consigue hacer que los cuentos duren mil y una noches al interrumpirlo siempre en un momento interesante, consiguiendo así despertar la curiosidad en el rey por escuchar el final de la historia a la noche siguiente. En el transcurso de este tiempo Sahrazade da a luz a tres hijos varones del rey, cuando la narración termina, éste le concede un deseo, ella pide que le perdone la vida por sus hijos pequeños, y el rey accede gustosamente, viviendo todos felices desde entonces.

 
POESÍA
 
 
   
ESTAS TRES COPAS
 

Oh escanciadora, se habla de sentencias, de tulipán y rosa.
y el discurso se destila con estas tres copas.

La hierba núbil alianza su extremo de belleza; sirve vino.
En estos días, por el arte de tu mano, la obra ha concluido.

Hoy, todos los loros de India dulzura exhalan,
debido a este azúcar persa que se dirige a Bengala.

En el trayecto de los versos, de lugar y tiempo observa el paso,
que este niño de una noche recorre el camino de cien años.

Observa aquel ojo eterno que el asceta atrapa
y al que persigue una caravana de magia.

Perlado de sudor, avanza donairoso
y destila rocío de vergüenza, del jazmín el rostro.

No te apartes del camino por el guiño de este mundo: una anciana

que hace trampas cuando parte y, cuando se sienta, engaños trama.

En la rosaleda real sopla el viento de primavera
y a través del rocío vino en el cáliz del tulipán trasiega.

Ansiado entrar en la corte del sultán Giz-uddin, Hafez,
no pierdas el tino, que el lamento es tu cometido.
 
NO HAY ESPERANZA DE ENMIENDA
 

¡Oh, ídolo!, tal pena me causa mi amor por ti, ¿qué hacer?
¿Hasta cuándo en esta pena de noche me quejaré?

Loco en demasía el corazón está para escuchar consejo,
acaso con la punta de tu buble lo encadenamos.

Nuestra separación, lo que me hizo sufrir....
en modo alguno cabe en una carta su relato.

¿En qué ocasión, con un rizo de tu pelo
contaré uno por uno todos mis desasosiegos?

Cuando sienta deseos de ver mi alma,
crearé la visión del dibujo de tu dulce cara.

Si supiera que con ello encontrarte lograría,
perdería la fe y el corazón me modificaría.

Aléjate de mi, predicador, no cuentes fábulas.
Yo ya no soy aquel que escucha hipocresías.

No hay esperanza de enmienda en el vicio de Hafez.
Ya que el destino es así, ¿qué hacer?
 
EL SECRETO OCULTO
 

¡Huye de mi el corazón! ¡Dueños de los corazones, os conjuro!
¡Qué sufrimiento: ser hará visible el secreto oculto!

Navegantes somos, ¡oh, viento favorable
haz que veamos de nuevo el rostro conocido!, ¡levántate!

En la rueda giratoria sólo hay diez días de fábula y hechizo,
con bondades para los amigos, apúralos, amigo.

¡Oh señor de la grandeza, de tu salud haz donativo
y recuerda algún día a este derviche mísero!

La paz entre los mundos, en dos palabras se ha resumido:
con los amigos ser caballeroso, contemporizar con los enemigos.

¡Mira!, el espejo de Alejandro es la copa de vino
que pone a tu alcance el territorio de Darío.

No te rebeles, que, debido a sus celos, tal vela arde el Amado,
aquel en cuya palma se torna cera el basalto.

En el círculo de la flor divina, anoche, el ruiseñor cantó bien.
Los que estáis ebrios, despertaos, saciad el ansia con vino del amanecer.

Aquel sabor amargo que el sufí nombró madre de las maldades,
para nosotros, más que el beso de doncella, es dulce y agradable.

Entrégate al placer y a la ebriedad en tiempos de pobreza,
que al mendigo convierte en Coré esta alquimia de existencia.

Esas bellezas de lengua persa fuentes son de la vida.
Oh escanciadora, a los persas ancianos, dales albricias.

Donde reinan los de buena fama, pasar no nos dejaron.
Si no te gusta, modifica el sino predestinado.

No por su voluntad vistió Hafez un manto manchado de vino.
¡Oh maestro sin mácula, en esto sé benigno!
 
CON UN VELO DE TINIEBLA
 

En los tiempos de la flor, de enmendarme de la bebida me avergoncé,
¡que nadie se avergüence de una conducta errada!

Nuestro bien es todo él una trampa del camino. Desde ahora,
escanciadora y testigo no me causarán vergüenza.

Acaso por su carácter noble al amado no pregunte,
que nos duelen las preguntas y avergüenzan las respuestas.

Por la sangre que ayer noche huyó del nido del ojo,
a ojos de los durmientes quedamos avergonzados.

Merece el narciso ebrio doblar la cabeza:
los modos y los reproches de aquel ojo le avergüenzan.

En el intento de ir en pos de ti no hemos cesado.
De este intento, gracias a tu compañía, no me avergüenzo.

Más hermoso que el sol tienes el rostro. ¡Loado sea Dios!
De ti no sentimos vergüenza ante el rostro del sol.

Con un velo de tiniebla se cubrió el agua de vida, avergonzada
ante los versos de Hafez y su talante de agua.
 
EL LENGUAJE DE LOS LIRIOS
 

Albricias, corazón, que el viento de la mañana ha regresado.
La abubilla mensajera de la tierra de Saba ha regresado.

Oh ave del alba, canta el himno de David,
que el Salomón de las flores, con el viento, ha regresado.

¿Dónde está el iniciado que entienda el lenguaje de los lirios,
para que pregunto por qué partió y por qué ha regresado?

Me trató con clemencia y gentileza la providencia divina,
y así el ídolo de corazón de piedra por sendas de lealtad ha regresado.

Por el soplo matutino, huele el tulipán el vino apetecible.
Era un ardor de corazón y con fe en la medicina ha regresado.

He lanzado mil suspiros en pos de esta caravana,
hasta que las campanillas a mi oído del corazón han regresado.

Aunque Hafez llamó a la puerta del sufrimiento y rompió el compromiso,
mira, su bondad, conciliadora, por nuestra puerta ha regresado.
 
CUANDO NO SE HALLE EN MEDIO EL ALMA
 

Merece loanza dijeron cuanto oyeron
los visos que mencioné al describir aquella imagen.

El corazón entregué a un amigo hermoso, ufano, esbelto,
alegre y de talante excelso.

Alcanzar el amor y ser bohemio, fácil pareció al principio;
al final, por adquirir estas virtudes, ardió mi alma.

En lo alto de la horca canta Hal-lach dulcemente este acontecimiento.
No preguntéis a Shafei sobre cuestiones análogas.

Dije: cuándo perdonarás a mi alma cansada.
Dijo: cuando no se halle en medio al alma.

Durante el aislamiento, como tu ojo, ebrio era,
y ahora, hacia los ebrios me inclino, como tu ceja.

Cien diluvios de Noé vi desde el agua de los ojos,
mas no se borró tu imagen de la tabla de mi pecho.

Oh amigo, la mno de Hafez contra el aojo es amuleto.
¡Oh Dios, haz que la vez colgada ya de tu cuello!
 
COMO TU SABES
 

El alba de la bienaventuranza sopla hacia donde tú sabes.
Por el reino de quien sabes, pasa cuando tú sabes.

Del secreto retiro eres heraldo, y te esperan.
Acude no por mandato, sino tal como tú sabes.

Di que me huye de la mano el alma amada.
Insufla en ella, con tu boca granate, lo que tú sabes.

Dos palabras he escrito de un modo que nadie entiende.
Por tu majestad y grandeza, léelas como tú sabes.

Tu espada y nosotros somos como el sediento y el agua.
Al cautivo que prendiste, mátalo como tú sabes.

¿Cómo anudar la esperanza al cinturón de brocado,
pues queda junto a un detalle que tú sabes?

En este asunto, Hafez, da igual el turco que el árabe.
Cuenta la historia de amor en la lengua que tú sabes
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